Jueves, 21 de mayo de 2015

Por Germán Grosso Molina

Seguimos conociendo más aspectos de nuestra devoción a la Divina Misericordia. En este post hablaremos de la práctica de la “hora de la misericordia”.

Como introducción diremos que, como bien todos sabemos, la obra redentora de Cristo tuvo su punto máximo de entrega amorosa, en el momento de la cruz. Estando Jesús clavado en ella, pidió ante el Padre perdón por nosotros y nuestros pecados: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34). Su amor por nosotros se manifestó plenamente allí en la cruz.

Relatan los evangelios que en la llamada hora nona (las 3 de la tarde), Jesús, dando un fuerte grito dijo: Padre en tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto, expiró (cfr. Lc 23, 44-46).

Después de ese momento (la muerte de Cristo), cuentan los evangelios que los soldados le clavaron la lanza en su costado: … uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió agua y sangre Seguidamente el evangelista (Juan), se encarga (como no lo hace en otros casos) de aclarar que él realmente fue testigo de lo ocurrido, dándole a ese hecho la importancia que merece (cfr. Jn 19, 32-35) como prueba irrefutable del amor misericordioso de Jesús.

Es importante situarnos en este contexto de la muerte de Jesús, para entender esta práctica de nuestra devoción. Jesús entregó su espíritu al Padre Eterno en esta hora de la creación; en ese momento se abrió su sacratísimo corazón, literalmente, y de él brotó el agua y la sangre de su misericordia. Cuando contemplemos el significado de la imagen de Jesús Misericordioso (en la que desde su corazón se irradian dos rayos de  luz) volveremos a esta escena. Pero en este caso nos interesa destacar que fue en esta hora, cuando Cristo nos abrió el océano de misericordia que nos cae como lluvia, desde su corazón traspasado. Así lo expresa el salmo: Tu derramaste una lluvia generosa, Señor… (Sal 68 (67), 10-11).

Por eso Jesús pidió, en sus revelaciones a Santa Faustina, que recordáramos siempre esta hora, como la Hora de su Misericordia. En este hora se abrieron de par en par las compuertas de su misericordia, por lo que cada día, esa hora, debe transformarse en un momento de oración y contemplación, en la que recordando la pasión de Cristo, aprovechemos el mar de misericordia que se nos abre cada día.

Dijo Jesús a nuestra santa:

A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal. En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión…. (D-1320)

Santa Faustina nos dejó, para esa hora, esta oración:

Expiraste, Jesús, pero la fuente de vida brotó para las almas y el mar de misericordia se abrió para el mundo entero. Oh fuente de vida, insondable Misericordia Divina, abarca al mundo entero y derrámate sobre nosotros. (D-1319)

Jesús se encargó de solicitar a su apóstol, la difusión de esta práctica piadosa, para recordar su pasión, acompañarlo en su agonía, y rogar al Padre Eterno misericordia por los pecadores. Es un momento de oración profundo, en la que nos solidarizamos por los pecadores, por los que no conocen a Cristo, o están alejados de él, o simplemente lo ignoran. Cuantas almas que, aun siendo católicas, olvidan la entrega amorosa de Jesús en el calvario, pero aún peor, ignoran que se encuentra presente con nosotros en cada Sagrario, sacramentado en la Eucaristía. Dijo Jesús a la santa:

Te recuerdo, hija Mía, que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás.

En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. Hija Mía, en esa hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo. (D-1572).

Recordemos:

  • Todos los días a las 3 de la tarde recordar que esa es la Hora de la Misericordia.
  • Nos sumerjamos en la contemplación de la Pasión del Señor, tal como si estuviéramos con Él en el Calvario.
  • Nos preparamos para eso rezando el Pésame e invocando al Espíritu Santo.
  • Procuremos, si es posible, meditar el Vía Crucis.
  • Si no es posible, visitar una capilla en donde esté el Santísimo Sacramento.
  • Si no es posible, sumergirnos un instante en la Pasión del Señor, contemplándola en nuestro interior.
  • Elevar oraciones de contemplación. Sirven los párrafos que hemos transcripto y la jaculatoria:
    • ¡Oh sangre u agua que brotaste del Corazón de Jesús como fuente de Misericordia para nosotros, en vos confío!
    • Se puede completar esta práctica piadosa con el Rezo de la Coronilla (ésta, no necesariamente debe rezarse a las 3 de la tarde, son dos prácticas diferentes).
    • Agregamos nosotros que siempre es bueno vivir estos momentos acompañados de la Virgen María. Es bueno entonces elevarle una oración, ella es la Madre de la Misericordia. Basta un Avemaría o una simple jaculatoria. Fue María la que estuvo con Jesús en la Cruz hasta el final (Jn 19, 25-27). Aquellos que acostumbran rezar el Rosario, luego de la práctica de esta Hora (que debe mantener su autonomía), es un buen momento para su rezo, o de alguno de sus misterios (sugerencia del autor de esta nota, no forma parte de las reglas que siguen estrictamente los devotos, pero en nada las contradice).

Vivamos cada día la hora de la misericordia con devoción y cariño.


Tags: Divina Misericordia, GGCatequesis, Hora de la Misericordia

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