Mi?rcoles, 01 de abril de 2015

Por Germán Grosso Molina

Ingresando ya en el conocimiento de esta devoción a la Divina Misericordia, tendremos en cuenta en este post dos de las prácticas piadosas que permiten vivirla profundamente. En siguientes artículos profundizaremos sobre cada una de ellas. Estar viviendo ya la Semana Santa nos obliga a que en esta nota veamos rápidamente en qué consisten estas dos prácticas devocionales. Sin embargo su riqueza espiritual merece que luego las contemplemos con más extensión.

El Señor Jesús fue revelándose en persona a Santa Faustina a través de distintos encuentros y mensajes. En un camino de enseñanza, le fue mostrando lo insondable de su misericordia. Las experiencias místicas de esta santa han dado lugar a un estudio profundo de su vida contemplativa. Lo cierto es que, con su canonización y elevación a los altares, luego del estudio de su vida virtuosa, la Iglesia ha constatado la veracidad de estos encuentros con Jesucristo.

Todo este camino tuvo su lugar en un lejano país del este europeo. Fue en el período intermedio entre las dos guerras mundiales del siglo XX que en Polonia, Jesús mostró en forma explícita este aspecto de su naturaleza: la misericordia divina. Fue desde ese mismo país desde donde se encendería la chispa de esta devoción, pues desde ese mismo rincón, décadas después, surgiría el pontífice que le daría en la Iglesia, el lugar que esta devoción, por voluntad del mismo Cristo, se merecía. Fue primero el entonces Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla quien encargaría el estudio de la vida de esta religiosa; luego él mismo, pero ya Papa, tuvo en sus manos, como sumo pontífice de la Iglesia universal, la propagación de la devoción a la misericordia divina, como aspecto central y fundamental de la fe que la Iglesia propaga. San Juan Pablo II es, por lo tanto, el otro gran apóstol de la divina misericordia; fue la providencia la que se encargó de que estas dos almas polacas, transmitieran su mensaje al mundo entero.

Coronilla

El señor Jesús le fue enseñando a nuestra santa distintos caminos que la llevarían a la contemplación de su misericordia. Todo este camino se encuentra relatado en las confesiones de esta santa, volcadas en su “diario”, del que ya hablamos en el post anterior.

En sus encuentros Jesús le mostró la profundidad de su amor misericordioso, pero a su vez se encargó él mismo de hacerle conocer las prácticas que su voluntad aceptaría para vivir esta devoción.

El 13 de septiembre de 1935 la santa tuvo una visión. Un ángel del Señor debía encargarse de ejecutar la ira de Dios contra el mundo (D-474). En ese momento, cuenta la santa, comenzó a suplicar y descubrió cuan grande era la misericordia de Dios, quien se apiadaría del mundo y de los pecadores. Allí, vio la impotencia del Ángel para acabar con el mundo, ante sus ruegos y la bondad de Dios.

Posteriormente Jesús, en un encuentro, le confirmó la visión, y le enseñó la oración que debía elevarle para implorar la misericordia de Dios. Estas son las palabras de Jesús:

A la mañana siguiente, cuando entré en nuestra capilla, oí esta voz interior: Cuantas veces entres en la capilla reza en seguida esta oración que te enseñé ayer. Cuando recé esta plegaria, oí en el alma estas palabras: Esta oración es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de modo siguiente: primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave Maria y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las siguientes palabras: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave Maria, dirás las siguientes palabras: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero (D-476)

Luego Jesús le iría revelando las  “promesas” que cumpliría frente a quienes recen con fervor esta coronilla. Vale la pena que transcribamos en extenso, sus palabras:

Y el Señor me dijo: Hija Mía, Me son agradables las palabras de tu corazón y por el rezo de esta coronilla acercas a Mi la humanidad (D-929); Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cerca del agonizante es rezada esta coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo (D-811);

Hija Mía, ánima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Estas almas tienen prioridad en Mi Corazón compasivo, ellas tienen preferencia en Mi misericordia (D-1541).

Reza incesantemente esta coronilla que te he ensenado. Quienquiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita. Deseo que el mundo entero conozca Mi misericordia; deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia (D-687).

El rezo de la coronilla responde entonces a una intención personal del Señor Jesús, quien entregó su vida, derramó su sangre, abrió su corazón por toda la humanidad. El Señor desea derramar su misericordia sobre todo el mundo, principalmente sobre los pecadores, los agonizantes, los más necesitados de su amor. El rezo de la coronilla resulta entonces, para los devotos, el arma fundamental para implorar gracias sobre el mundo.

Podremos seguir hablando por horas sobre esta práctica piadosa. Lo haremos en posteriores post. Basta que entendamos que este rezo responde a una inquietud del mismo Cristo. Por eso, para resumir, haremos una síntesis de cómo rezarla.


¿Cómo se reza?

 


  1. Se necesita un “Rosario” común.
  2. Se inicia con un Padrenuestro, Avemaría y el Credo.
  3. En las cuentas del rosario correspondientes al “Padrenuestro” (5), se reza:Padre eterno te ofrezco el Cuerpo y la Sangre; el Alma y la Divinidad, de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.
  4. En las cuentas del “Avemaría” (10 por cada misterio, 50 en total), se reza:Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros, y del mundo entero.
  5. Al culminar se reza: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero (3 veces)
  6. Se puede concluir con la siguiente oración (una de las oraciones más características de esta devoción):
  7. ¡Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como fuente de misericordia para nosotros, en vos confío!

Recordar que esta coronilla es un ruego al Padre eterno, para que por los méritos de la pasión de Cristo, derrame su misericordia sobre nosotros. Es un ofrecimiento, un sacrificio elevado al Padre. Por eso la estrecha vinculación de esta piedad con la adoración eucarística. Quien es devoto de la divina misericordia, ha de tener (como todo buen cristiano) una debilidad infinita sobre la contemplación y adoración de Jesús presente en la Eucaristía.

Podemos culminar, sin ánimo de agotar este tema, diciendo que el hecho de que la coronilla se rece con un rosario común, no debe suprimir la práctica del rezo del rosario como devoción mariana. María, por ser la madre de Jesús, es la madre de la misericordia. Podemos decir, humildemente desde nuestra opinión, que son las dos caras de una misma piedad. Quien reza la coronilla, reza también el rosario a la Virgen devotamente, con alegría, con confianza, con amor.


Fiesta

Finalizamos este post refiriéndonos a la “Fiesta de la Misericordia”. A ella deberíamos dedicarle varias notas completas. Como se acerca la fecha, sólo expondremos lo esencial para vivirla intensamente.

La devoción a la divina misericordia tiene su asiento litúrgico en el calendario de la Iglesia, lo que la convierte en una celebración especial de todo el pueblo de Dios. Jesús le reveló a Santa Faustina su deseo de que exista una Fiesta especialmente dedicada a su misericordia. Ésta debía tener su lugar después del Domingo de Pascua. En definitiva, sería su coronación: la pasión, muerte y resurrección de Cristo, vivenciada en la Semana Santa, especialmente en el triduo pascual que culmina el Domingo de Pascua, tiene su cierre con la Fiesta de la Misericordia Divina, el 2° domingo. En definitiva el sacrificio de Jesús en la cruz, tiene sentido si contemplamos la misericordia que sería derramada sobre nosotros. Esa misericordia brotó de su corazón traspasado, del que brotó el agua y la sangre (cfr. Jn 19, 30-34), simbolizados en la imagen de Jesús misericordioso (de la que también hablaremos).

Dijo Jesús a la Santa:

Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia.

Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia que tengo a las almas pecadoras. Que el pecador no tenga miedo de acercase a Mi. Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas humanas.

Jesús se quejó conmigo con estas palabras: La desconfianza de las almas desgarra Mis entrañas. Aún más Me duele la desconfianza de las almas elegidas; a pesar de Mi amor inagotable no confían en Mí. Ni siquiera Mi muerte ha sido suficiente para ellas. ¡Ay de las almas que abusen de ella! (D-49/50).

Luego, mediante una expresión que conmueve, diría:

Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no  adoran Mi misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia (D-965).

Juan Pablo II incorporó esta Fiesta al calendario litúrgico para que en toda la Iglesia, el 2° domingo de pascua, se viva esta fiesta, lo hizo el 30 de abril del año 2000, en el inicio del 3° milenio, al canonizar a la Santa.

Aquí vale que nos hagamos un par de preguntas, ¿Es casual que él mismo haya fallecido el 2 de abril de 2005, en las vísperas de la Fiesta de la Misericordia, un día sábado (dedicaco por costumbre a la Virgen, de la que era devoto), previo al 2° domingo de Pascua?

El Cardenal Joseph Ratzinger, Decano del Colegio Cardenalicio, y quien luego sería su sucesor como Benedicto XVI, dijo durante la homilía del funeral de Juan Pablo II: “El interpretó (Juan Pablo II) para nosotros el misterio pascual como misterio de la Divina Misericordia. Escribe en su último libro: El límite impuesto al mal es, en definitiva, la Divina Misericordia”. Francisco canonizó al Papa polaco en el año 2014, el domingo de la Misericordia… y acaba de convocar para el próximo año, un Jubileo especial dedicado a la “Divina misericordia”…

¿Cómo vivir la Fiesta?

  • Debe comenzarse con el rezo de la “novena”, consistente en el rezo de la “coronilla” durante 9 días seguidos, comenzando el viernes santo.
  • Confesión sacramental. Debemos confesarnos ese día, o en los 8 días previos a la Fiesta.
  • Comunión. El día de la Fiesta debemos comulgar, obviamente, en estado de gracia.
  • Confianza. Es indispensable la “confianza” en Jesús misericordioso. Por eso su imagen lleva al pie la frase “Jesús, en vos confío”.
  • Caridad y misericordia. Debemos recordar siempre que Jesús pidió amor al prójimo. Actos de misericordia hacia los demás, sobre todo los más necesitados. Es necesaria la acción, como muestra de nuestra Fe.
  • Ese día se obtienen, de esta forma, indulgencias.

Dijo Jesús:

Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas.

En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a mi, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia.

La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia (D-699).

Después de leer estas palabras, no queda más que hacer. Confianza en Jesús, Rey de las naciones. Hasta la próxima y…

¡Felices Pascuas!


Tags: Divina Misericordia, Juan Pablo II, Coronilla

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