S?bado, 29 de noviembre de 2014

 



Por Germán Grosso Molina

El recientemente clausurado Sínodo de los Obispos en Roma ha levantado, como habrán podido percibir, mucha polvareda, no sólo dentro de la Iglesia, sino en el mundo entero, que ha seguido, como lo viene haciendo desde el “efecto Francisco”, muy de cerca lo acontecido en el Vaticano.

En este sínodo extraordinario, el Papa quiso que los obispos convocados discutieran aquellos temas de lo que mucho se viene hablando, desde hace bastante tiempo, como son situaciones que tienen que ver con la familia actual, el matrimonio, los hijos, en fin. Temas que despiertan mucha polémica, por cuanto el mundo actual está proponiendo, evidentemente, moldes muy diferentes a los que la enseñanza de la Iglesia propone. Hablamos de uniones de hecho, matrimonios frágiles con amplias posibilidades de ruptura, familias ensambladas, entendiendo como tales aquellas fruto de uniones de personas ya separadas de una unión anterior, pero con hijos de por medio, en las cuales nos encontramos hijos de cada de sus miembros, e hijos comunes, a veces con mucha diferencia de edad entre ellos; uniones homosexuales, ya legalizadas en muchos países, con posibilidad de adopción; en fin.

Desde el mundo “exterior” se le reprocha a la Iglesia, entre otras muchas cosas, inmiscuirse en temas que, según algunos, no le atañen, como oponerse a la legalización del matrimonio gay o el aborto. Algunos sostienen que la Iglesia podrá enseñar lo que quiera a sus miembros, pero no tiene por qué proyectar sus preceptos al resto de la gente.

Otros van más allá, y reconociéndose miembros de la Iglesia, le cuestionan a ésta que no acepte este tipo de realidades, reclamando que las tolere, en incluso, que las permita. Desafían a la autoridad de los pastores (Obispos), e incluso arrojan afirmaciones desafiantes, tales como “si la Iglesia sigue así,  se va a quedar sin fieles”… [...]


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Tags: Papa Francisco, Familia, Sínodo, Matrimonio, GGCatequesis